Columna: “Simce y estigmatización en la educación”

Por Sandra Araya Henríquez.

Encargada del Departamento de Educación del Regional Metropolitano del Colegio de Profesores.

 

Las comunidades educativas acaban de recibir los resultados de las pruebas SIMCE, quedando así clasificadas entre  ganadores o perdedores; los  profesores ostentan el titulo de culpables o vencedores; si el número final asignado a cada comunidad es negativo, vienen los castigos, intervenciones, cierres de colegios e inestabilidad laboral.

En estos resultados no se consideran los múltiples factores que inciden realmente en ellos, culpabilizándose al docente sin considerar la enorme brecha existente entre las clases sociales en Chile y su efecto en los estudiantes.

La competencia que se genera es feroz y el agobio laboral que esta dinámica conlleva no es menor y afecta directamente la calidad de vida de los maestros chilenos, provocando una presión innecesaria en los estudiantes cautivos de este modelo empeñado en meramente adiestrar y producir.

El SIMCE es un mecanismo de control legal que obliga y apunta a la estandarización que perpetúa el actual paradigma al servicio de una educación de mercado, con un costo millonario para el Estado y no pocos interesados queriendo ganar suculentas licitaciones.

Esta estrecha visión de “calidad de la educación”, no se hace cargo de los problemas reales que atraviesa la humanidad y el planeta, conformando así, prácticas educativas desvinculadas de la realidad, sin sentido.

Por otro lado el SIMCE es un obstáculo para la innovación educativa, impide desarrollar conceptos más humanos e integrales, ya que no podemos generar conocimiento en relación a nuevos temas, intereses e inquietudes propias de los estudiantes o incluso de sus apoderados.  Se evita entonces, la generación de conocimientos emancipadores para la transformación social como son el arte, los idiomas de las culturas originarias, nuevos enfoques en las ciencias exactas y todo tipo de análisis, reflexión y pensamiento crítico. Por el contrario, sí tiene cabida en este sistema el adiestramiento para ser un consumidor exitoso de una cultura materialista, neoliberal, inmediatista y deshumanizada.

Se hace necesario entonces, resistir  por medio de la creatividad, reflexionar y construir una educación integral, al servicio de la realización humana y en defensa del planeta y nuestro medioambiente.




SIMCE y las maravillas del modelo

Qué mide, o mejor preguntar, a qué concepto de calidad educativa responde el SIMCE, esto en el sentido profundo, ya que esta medición, como concepto, se reduce a una prueba que mide el nivel de ciertas habilidades en unas pocas áreas curriculares, sesgando así el foco de enseñanza-aprendizaje, des contextualizando la acción pedagógica bajo estándares definidos en bases curriculares. El sentido técnico de esta medición se reduce a una jibarización del aprendizaje y las prácticas pedagógicas que se viven al interior de las escuelas.
Se han introducido cambios sobre aspectos relacionados con el desarrollo personal y social de los estudiantes, así nacen los “otros indicadores”, un variopinto de índices o estándares que van desde la formación ciudadana hasta la autoestima académica. Sin embargo la clasificación de establecimiento SEP se define en base a resultados obtenidos en las últimas 3 mediciones de la Prueba SIMCE de 4° Básico de Lenguaje, Matemáticas, Ciencias Naturales y Ciencias Sociales; lo que representa el 70% de la clasificación. Para el 30% restante se consideran otros indicadores complementarios: tasa de retención y aprobación de alumnos; integración de profesores, padres y apoderados en el proyecto educativo del establecimiento. Es poco probable entonces pensar que los otros indicadores marcaran una diferencia en la percepción y consecuencias de esta medición.

Sistemas de evaluación de altas consecuencias como el SIMCE, en los que las escuelas claramente ponen toda su atención en acciones como excluir estudiantes, seleccionar, preparaciones de formulas y dinámicas de acción para adiestrar en torno a una prueba, además de persecución y presión desmedía a docentes y directivos por bajos resultados entre otras maravillas ponderables en un numero carente de significado, reflejan en síntesis la importancia de juzgar un instrumento que le hace mal a los más pobres ya que son ellos los que son intervenidos por diferentes estamentos y personajes,. ¡Cómo no recordar los P900! un ejemplo claro de la génesis del instrumentalismo mercantil el educación.

Hoy la ‘calidad en educación’ que no se define en ninguna parte, se afirma con dientes y muelas en un instrumento basado en preguntas de selección múltiple, en tareas rutinarias y un aprendizaje desapegado de la realidad. Es decir, en una visión de calidad que pregonan los expertos y que se reduce a un entrenamiento mecanicista y repetitivo, carente de sentido y significatividad.

Mauricio Pavez Aravena

Presidente Colegio de Profesores – Comunal Maipú

*Una columna publicada en la web del comunal Maipú